Mi pequeña Venecia
Hace
mucho tiempo que no te veía a los ojos, y hoy cuando busqué
sostener tu cara solo encontré unas ventanas empañadas de
desilusión, dolor y angustia, intento sostener tu brazo pero huyes
de mí y reconozco en ese momento que te he fallado por no tener el
coraje de darte de voz cuando te silencian de forma tan cruel. Aún
así, me acerco más y detallo con horror esos hematomas que tienes
por todas partes lo que hace que me congele más de lo normal.
No
hay justificación, haz tenido una larga relación tormentosa cuyo
resultado es el terrible divorcio de tus hijos. ¡Por favor no
llores!, no puedo prometerte que todo estará bien, pero si puedo
decirte que aquí estoy y como yo otros que aguardamos con fe y
disciplina el despliegue de tus hermosas alas. Yo también tengo
miedo y no he parado de llorar por ti.
Voy
a confesarte que lo que más me duele es tener que vivirte con aroma
a pasado cuando se supone que el presente construye el futuro, cada
vez que recuerdo tus hermosas calles, el calor de tu gente, la
responsabilidad, educación (...) y esas cosas que hoy solo dan
nostalgia. Mis lágrimas de dolor brotan sin control cuando pienso en
quienes partieron con tristeza buscando algo mejor e incluso a
quienes han muerto esperando algo mejor.
No siempre fue así y soy muy joven para asegurar que antes fue mejor, pero la realidad me aplasta, la violencia, el odio, la apatía, la locura, el egoísmo me hacen sentir que en definitiva no vivimos nuestro mejor momento juntas. Sé que tenemos nuestras diferencias y eso no es malo, alimenta nuestras verdades y expande nuestro mundo tu corazón es muy grande y por ello se me hace imposible dejar de amarte de forma incondicional como lo hago, aunque a veces es materia suicida hacerlo.
Mis
antepasados libraron batallas que hoy parecen tan reales y cercanas
que a veces siento que vivo en el pasado, muy poco en el presente y
no veo nada del futuro. Tu inmenso mar donde transcurrió gran parte
de mi niñez, las montañas que hacen tu espalda me ayudan a escalar
hasta tocar el cielo, la sabana inmensa que te adorna me hace
recordar lo salvaje y atrevida que eres y está selva de cemento
donde he escrito lo mejor de mi vida, no logro entender ¿qué
hacemos mal?
No
quiero perderte jamás, me haz visto crecer y yo te he visto
retroceder hasta la intransigencia. Ante esto quiero decirte que en
momentos de crisis nacen las mejores oportunidades y yo voy a poner
mi granito de arena para que nazcan nuevas oportunidades de tu
vientre.
Quiero
ver la puerta de embarque llena de todas esas sonrisas que vi
desaparecer en vuelos, quiero que paren estas despedidas imprevistas,
planeadas, y esas diásporas internacionales que nacen con lo mejor
de tus hijos lejos de casa. Perdóname, por no ser suficiente
para ti y no ser agradecida, el compromiso que asumo es mantenerme
cerca de tu pecho y resguardar tu espalda hasta curar tus profundas
heridas.
Mi hermosa Venezuela estoy contigo y juntas vamos a transformarnos al salir de está larga tormenta... Todo se puede y tú me lo haz demostrado desde el día que aprendí a caminar, sonreír, luchar y escribir; me niego a renunciar a ti y al rayito de esperanza que me acompaña en cada copla llanera que escuchó donde menos lo imagino, en cada abrazo que recibo de mi familia nacida y criada en tierra de gracia y en cada paisaje que descubro al recorrer tu cuerpo... Te amo y no pienso renunciar a ti.
A esta hija que
viste nacer JAFH
