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sábado, 11 de febrero de 2017
Yo soy el 25.648.546-K
Cuando naces tus padres buscan un nombre excepcional para ti, conjugan las letras que darán vida al ser lleno de amor y luz. Al crecer, representas para la sociedad un individuo productivo que debe cumplir con ciertos deberes para acceder a otros beneficios (es el deber ser) y de ser feto,bebé, adolescente y adulto te transformas en ciudadano. Ciudadano del mundo (si decides emigrar o viajar) o ciudadano de tu país de origen (cuando las circunstancias te permiten echar raíces).
Ser ciudadano es cumplir con la trascendental tarea de convivir con tu ambiente externo. Sobre ti, pesa la carga de ser educado aunque otros no cultiven los buenos modales. En este rol, tienes una tarjeta o papel que te identifica para tener acceso a bienes sociales, a este se le llama cédula de identidad y entre tus manos implica una conquista trascendental cuando eres inmigrante.
Yo soy el 25.648.546- K y no porque se trate de un código nazzi de identidad, sino, porque es mi cédula de identidad en la ajetreada vida que ahora llevo en Santiago de Chile.
El 20.638.953 que portaba como ciudadana venezolana ha quedado en el limbo acompañado de un montón de rumores que se hacen pasar por noticias donde dictan que "no podré entrar a mi país si tengo pasaporte extranjero, perderé mi ID si adquiero otra nacionalidad, si tengo más de tres meses afuera soy una conspiradora y traidora a la patria ( con lo mucho que me cuesta dejar a mi país en alto)".
Tengo una memoria privilegiada que me permite oler y sentir cuando revivo momentos que marcaron mi vida; entre ellos con gran nostalgia recuerdo mi primera cédula fue un "oh por dios ya crecí y podré votar" permítanme expresar que en esta oportunidad mi primer pensamiento fue "Por fin soy gente en este lado del mundo" mientras unas lágrimas corrían por mis mejillas. Las leyes migratorias establecen una serie de parámetros (responsabilidades) que debo cumplir al obtener mi carnet y entre ellas está demostrar mi buena fe, adaptabilidad y rentabilidad al país.
Mi R.U.N tiene una fecha máxima de duración de un año y me permite optar a una visa definitiva con duración de cinco años de "tranquilidad". El producto es innovador, una tarjeta de avanzada con códigos de lectura para bancos, farmacias, puntos de pago etc... Algo que alguna vez dijeron existiría en mi país.
Las responsabilidades crecen como ciudadana del mundo y yo voy por más. En este viaje de altas y bajas aprendemos de tolerancia, flexibilidad, agradecimiento, convivencia y diligencia sobre nosotros mismos. Desarrollamos el Sí sin miedo y el NO sin culpa mientras nos acercamos hasta donde deseamos sin saber si nos aguarda mucho más.
A todos quienes están en otras latitudes ánimos y a los que aún están en Venezuela diganle que la extraño como nunca había extrañado a alguien con amor y nostalgia.
Hasta una próxima entrada.
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