“Estás donde necesitas estar ... solo respira”
Me gusta la comparación del ser humano con un árbol. Confío en que tenemos raíces buenas (valores) y malas (apegos) y con cada nuevo año nuestras hojas caen para que otras puedan crecer. Las estaciones del año nos afectan (lo externo) pero por dentro también nos transformamos con el pasar de los días.
Cada árbol es por fuera el reflejo de procesos internos a los cuales se ha enfrentado, los robles llegan a un estado de rigidez que irradia felicidad, equilibrio y estabilidad después de muchas temporadas y eso los hace seductores en aroma y piel.
En el judaismo “el Árbol de la Vida” representa diez manifestaciones espirituales que conectan con Dios: 1) Kéter (La Corona. Providencia equilibrante), 2) Jojmá (La Sabiduría), 3) Biná (La Inteligencia siempre Activa), 4) Jesed (La Misericordia. Grandeza), 5) Gevurá (La Justicia. Fuerza), 6) Tiféret (La Belleza), 7) Netsaj (La Victoria de la Vida sobre la Muerte), 8) Hod (La Eternidad del Ser. Gloria), 9) Yesod (El Fundamento. La Generación o piedra angular de la Estabilidad) y 10) Maljut (El Reino. Principio de las Formas).
Ahora se preguntarán ¿Qué pasó con tantos árboles?, en realidad no es una clase de botánica ni de religión es sólo una metáfora que quiero compartir al llegar a mis 25 años, lejos de casa y germinando mis semillas con amor y dedicación en otra tierra.
Durante 24 años mis raíces crecieron cerca de la personas que amo: mis padres, hermana, primas (os), amigos y todos quienés me permitieron crecer hasta la altura de hoy. Algunos, incluso, fueron testigos de momentos claves que hicieron caer mis hojas en su totalidad para que otras crecieran en su lugar.
Hoy, atravieso lo que he denominado el otoño de los 25. Mi árbol tiene pocas hojas y estás han crecido alimentadas por altas dosis de fe, confianza y amor a la espera de la construcción paulatina de un nuevo hogar. El invierno ha sido largo y la primavera difícil para alguien que creció siempre en una misma temperatura y expuesta a elementos que hablaban su mismo lenguaje y tenían todos sus mismos elementos culturales.
Está “muda de ropa” coincide con hace real mi constante apología de “los cambios son buenos y te hacen valiente” probablemente en un par de meses o años cuando vuelva al lugar de donde brotaron mis primeras raíces pueda alimentarme de todo lo que ahora me hace tanta falta (el abrazo de mi madre, la sonrisa de camila, el apretón de papá y las risas de mi hermana).
Este año celebro mi cumpleaños a kilómetros de distancia, mudando hojas, con raíces intactas y un tronco que se adapta de forma continua a los agentes medio ambientales, viviendo lecciones que te hacen fuerte -al fin y al cabo si quiero ser un roble mi tronco no puede partirse tan fácilmente- y en eso estamos.
Gracias dios por está nueva aventura y en especial gracias a mis padres por darme todo lo que un buen árbol necesita para crecer en el mundo: amor, disciplinda, honestidad, fuerza, fé, convicción y voluntad. Debo decirles que parece que lo han hecho muy bien porque mi sombra arropa con amor a muchos que parece agradarles lo que sienten, lo que ven y lo que viven junto a mí.
Gracias dios por tu obra misteriosa y entrega incondincional continuemos construyendo juntos este gran roble.

