Estamos en guerra contra el atraso contra la ignorancia y contra la flojera. Renny Ottolina
Antes de tomar el avión en la ciudad de las despedidas ya había leído sobre lo difícil que es el desapego emocional y la turbulencia de lo nuevo, pero nada se compara con vivirlo. Al aterrizar te sientes desorientado y tu cuerpo pasa factura de las 11 horas de vuelo (o más) -si es que para salir de casa no te tocó forzarte en un viaje de autobús de una semana-.
Oportunidad, sueños y estabilidad, son algunas palabras que identifican a quienes tomamos la decisión más difícil del mundo, por razones obvias para venezolanos, pero poco conocidas para quienes solo saben de nosotros por noticias.
Una chilena muy amable en el avión me preguntó ¿Qué es lo que ocurre en Venezuela? y no pude evitar esconder mi cara de asombro antes de preparar mi explicación "ocurre que no tenemos garantías de ningún tipo: acceso a alimentos, seguridad ciudadana, seguridad jurídica, amedrentan al que piensa diferente, no tenemos champú, jabón, revendedores se comen el sueldo de los profesionales. Nos han vendido una 'guerra económica' que resulta una verdadera burla para quiénes hemos estudiado la economía venezolana y conocemos que todo esto no es más que el resultado de un aparataje controlado para el bienestar de una élite y la asfixia de un libre mercado que ahora sufre las consecuencias de la estatización en su más ridícula versión del socialismo del siglo XXI".
¿Cómo lo sé? pasé tres años de mi vida estudiando economía, cinco años pasaron para que me titulará comunicadora social y tengo 24 años viviendo en el mejor país del mundo VENEZUELA. Pasé cuatro años trabajando en instituciones públicas (viví la corrupción y el amedrentamiento galopante), nadie me dijo " a ellos los obligan a marchar" a mí me llevaron, no me contaron que las personas amanecían en la cola "mi papá hace cola desde las 2 am cuando le toca", no me dijeron roban mucho de noche "huí de la delincuencia mientras salía del trabajo o la universidad", el amigo de un amigo no se quedó sin comida "yo abrí mi alacena y no tenía nada que comer".
Durante mis últimos 4 meses como periodista en la República Bolivariana de Venezuela mis ojos recorriendo zonas populares donde niños comen una sola vez al día y padres toman agua para amortiguar el hambre. Bachaqueros revendían una paca de azúcar en 150 mil bolívares, harina de maíz en 50 mil, pañales desde 30 mil, leche infantil desde 15 mil, arroz desde 25 mil, pasta desde 25 mil y así consecutivamente en un país marginado por las divisas, sediento de dólares para importaciones, quemado por la mala gestión, destruido por las expropiaciones, bloqueado por la gran deuda a proveedores, asfixiado por un presupuesto incoherente donde la hija de un difunto tiene
una fortuna valorada en miles de millones de dólares.
En un momento del camino la señora me respondió "ustedes transitan por lo mismo que nosotros cuando Allende estaba en el poder", algunos extranjeros que Fidel Castro es nuestro presidente y yo muero de la rabia. Mientras respondo con certeza el cólera que padecí al conocer al asesor económico de Nicolás Maduro Moros, ese que si googleas sale en vídeos de risa pero en realidad se formó dentro de la guerrilla cubana hace unas cuantas lunas atrás, pero eso es harina de otro costal.
El pasado 1ero de septiembre mi país se desbordo entre pitos, matracas y cacerolas vacías solicitando un proceso constitucional llamado "referendo" que hace unos cuantos años se organizó en 15 días para el fallecido Hugo Chávez y hoy al ser solicitado tiene 3 meses en "veremos". Bajo un sol radiante, de un lado leían un manifiesto a la paz y del otro levantaban la inmunidad parlamentaria a todos los funcionarios públicos del país "una figura creada mediante constituyente del 99´-imagino que el presidente también se desprenderá de su investidura para ser investigado- ".
¿Qué peleamos los venezolanos? tendría que hablar de las miles de encuestas que llueven a diario, seria incapaz de igualar mis necesidades a las del resto de los compatriotas, pero si algo es símbolo de nuestra lucha es recuperar parte de la tranquilidad y equilibrio. Acceso a todo lo necesario para vivir y no sobrevivir y regresar a casa llenos de vida y ganas de continuar.
Si algún extranjero pudiese leer estoy segura que se identificaría porque muchos países del sur pasaron por esto en algún momento. Si algún venezolano lo lee se identificará con nostalgia y rabia. Y yo que lo escribo solo puedo decir "te amo Venezuela y te extraño un mundo y parte de otro".
Seguiremos informando...

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